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Etiqueta: señora

Usted no se da cuenta, señora

Ya imagino que usted no se da cuenta, señora, pero se lo voy a decir. Encandila. Es verla aparecer, y aunque sea para contar su día horroroso, enciende con su presencia las luces de todas las farolas de la calle. El otro día, sin ir más lejos, me dejó sin palabras cuando la vi llegar con su bolso marrón y su nuevo peinado. A pesar de que había mucha luz en aquel sitio donde quedamos, un par de bombillas explotaron cuando usted apareció. No nos dimos cuenta casi nadie, pero explotaron. Luego yo no puedo decir todo lo que arremolina a su paso porque me dice que exagero, y claro tengo que callarme aquello que me quema por dentro. Que curioso, señora, usted enciende todo lo que está a su alrededor, y yo tengo que quemarme porque no puedo gritarlo. Algo tendremos que hacer, señora.

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Ha vuelto a pasar, señora

Ha vuelto a pasar, señora. He despertado en mitad de la noche notando a la vez su calidez y su ausencia. Los sueños son muy traicioneros, y me traen sus recuerdos para despertarme inmediatamente y sentir la realidad. Y algo voy a tener que hacer, señora. O no duermo más en la vida, o se presenta en el momento que despierto. Lo primero lo veo improbable, lo segundo imposible. Pero por si acaso voy a dejar la puerta de mi casa entornada por las noches, que usted ya sabe donde vivo. No me despierte cuando vea que me agito, probablemente estaré amándola en sueños. Ya despertaré y continuaré soñando

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Incendios de nieve

Tengo un plan, señora. Un día bajo su ventana nos juntaremos unos cuantos amigos que he conocido. Un equilibrista ciego, dos fakires que realmente tragan fuego, un pianista que toca el saxofón, y tres chicas que vienen a aparentar. Hay también una docena de cantantes variados que no saben bailar, tres amantes de la luna que se apuntan porque será de noche. Vendrá ese ser que conocimos en la cabaña del monte y que sabía llamar a los animales con su lenguaje, quiere convocar a todos los perros de los vecinos. He convencido a trescientos bailarines que treparán para bailar en tu balcón, y al que tocaba la batería con El último de la fila. Y cantaremos todos esa canción que pinté en tu espalda con mis dedos mientras mirabas la playa. Espero que sus vecinos no se molesten porque pensamos dar mucho la lata. Hasta que se asome y nos diga que lo hacemos bien o nos tire comida para que nos callemos.

Yo lo tengo ya todo perdido, señora. Y a lo mejor después de eso no soy persona y me convierto en espuma. Pero no será en vano el intento, y estoy seguro que nunca nadie jamás podrá superar tanta locura junta. Y espero contar con su perdón, señora, si esto le llega a molestar. Pero he de intentarlo

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