Saltar al contenido →

Etiqueta: microrrelato

Prestidigitador

Yo nunca había sido prestidigitador hasta que te conocí. Ahora hago magia con tus recuerdos, y hago desaparecer las penas. Juego con las cartas para sacar siempre parejas ganadoras y el final del espectáculo es hacerte aparecer sin que lo sepas

Deja un comentario

Granos de arena

Yo creo que sería capaz de reconocer cada grano de arena que se quedó pegado a tu cuerpo aquella tarde en la playa. Y no porque los memorizase mirándolos, si no porque solo tendría que acercarme a olerlos y descubrir el aroma que dejaste en ellos. Y han pasado los años, pero seguirán allí, esperando a enredarse con tu piel. Y el que haya sido arrastrado al agua luchará frenéticamente por acercarse a la orilla por si apareces.

Yo creo que deberíamos volver aunque sea en invierno, solo por el placer de ver que ocurre cuando te vean aparecer.

Deja un comentario

Ser

Ser tu almohada y ser las seis de la mañana. A la hora que más te aferras a la calidez de las sábanas impregnadas de tu calor corporal, y al deseo de no soltarte. Ser ese momento efímero de tu respiración pausada y tus movimientos incontrolados y placenteros. Ser siendo una capa más de tu cuerpo, ser abrazado inconscientemente. Ser la madrugada previa al día que será. Pero ser siendo invisible y sentir que estoy vivo por ser percibido.

Deja un comentario

Usted no se da cuenta, señora

Ya imagino que usted no se da cuenta, señora, pero se lo voy a decir. Encandila. Es verla aparecer, y aunque sea para contar su día horroroso, enciende con su presencia las luces de todas las farolas de la calle. El otro día, sin ir más lejos, me dejó sin palabras cuando la vi llegar con su bolso marrón y su nuevo peinado. A pesar de que había mucha luz en aquel sitio donde quedamos, un par de bombillas explotaron cuando usted apareció. No nos dimos cuenta casi nadie, pero explotaron. Luego yo no puedo decir todo lo que arremolina a su paso porque me dice que exagero, y claro tengo que callarme aquello que me quema por dentro. Que curioso, señora, usted enciende todo lo que está a su alrededor, y yo tengo que quemarme porque no puedo gritarlo. Algo tendremos que hacer, señora.

Deja un comentario

Ha vuelto a pasar, señora

Ha vuelto a pasar, señora. He despertado en mitad de la noche notando a la vez su calidez y su ausencia. Los sueños son muy traicioneros, y me traen sus recuerdos para despertarme inmediatamente y sentir la realidad. Y algo voy a tener que hacer, señora. O no duermo más en la vida, o se presenta en el momento que despierto. Lo primero lo veo improbable, lo segundo imposible. Pero por si acaso voy a dejar la puerta de mi casa entornada por las noches, que usted ya sabe donde vivo. No me despierte cuando vea que me agito, probablemente estaré amándola en sueños. Ya despertaré y continuaré soñando

Deja un comentario

La primavera llegará igual que todos los años

La primavera llegará igual que todos los años, señora. Me despertaré una mañana y veré que huele a tierra recién mojada en el balcón y a romero en el armario del pasillo; que su camiseta de dormir lleva prendidas hojas de margarita y sus zapatillas arrastran briznas de hierba. El alféizar de la ventana será del color del almendro en flor y las persianas se habrán convertido en cortinas de lluvia. De la mesa de la cocina  florecerán las amapolas y del fregadero colgarán madreselvas. Pero el mejor indicativo, señora, de que ha llegado la primavera, será observar que de nuevo usted ha florecido.

Deja un comentario

Vals nº 2 de Shostakovich

Te perdiste que bailásemos el Vals nº 2 de Shostakovich, te marchaste un poco antes de que la orquesta interpretase esa melodía. Me dijeron que ya estabas de camino a tu casa cuando te busqué para sacarte a la pista. No había rastro de tu vestido negro, ni de tus zapatos de tacón. No hay cosa más triste que escuchar esa pieza y soñar que te tengo cogida del talle y de la mano, y ver que estoy bailando con el pensamiento. Si hay una fiesta como esa, cerraré todas las puertas, despacharé a todos los bailarines y pediré a la orquesta que alargue el vals hasta que caigas rendida en mis brazos.

Deja un comentario

Ustedes dirán lo que quieran

Ustedes dirán lo que quieran, pero yo voy a amarla. No me importa el tiempo, ni no tener la certeza de que algún día llegue a buen puerto mis intenciones, pero yo seguiré queriéndola. Porque no encuentro mejor antídoto para mi ánimo, ni mejor futuro para mi alma. Tener tan claro el objetivo me da alas para respirar.

Ustedes dirán que mira para otro lado, que ya no le importo, y seguramente tendrán razón, pero llegó un momento en mi vida que no me importan otras cosas que su presencia aunque sea solo evocadora.

Deja un comentario

Todo música

Que sepa usted, señora, que voy a poner unos altavoces desde su casa a la oficina, que voy a poner esas canciones que le motivan, que le enardecen, que va a sonar la canción de su vida mientras cruza la calle, que va a sentir como tiembla el suelo del ascensor con el sonido de unos timbales. Que cuando llegue a su silla, señora, ya no sabrá si está sonando la melodía de su vida, o la novena de Beethoven. Y al cruzar de nuevo de acera a acera, no sonarán ni sus zapatos porque será como caminar entre algodones. Y así todos los días, señora. Y cuando llegue la hora de volver a casa, tendrá la música más relajante que pueda imaginar, tan relajante que hasta los zapatos se le despegarán solos de los pies e irá descalza por una alfombra con forma de pentagrama. Y cuando encuentre la paz de su hogar, señora, habrá cien violinistas componiendo solo para usted, a los cuales, si me deja, dirigiré desde la sombra.

Deja un comentario

No hay nada comparable a bailar con tus ojos

No hay nada comparable a bailar con tus ojos, Aunque no te hayas dado cuenta, siempre bailo con ellos. Como diría Elton John, he olvidado si son verdes o azules, o quizás no, porque se que son color almendra, pero si no me marcan el compás ni se bailar, ni se respirar. Y a veces bailo sin verlos, pero es casi mejor imaginarlos. Ya los soñaba antes de tenerlos a dos centímetros de mí, como no voy a dibujarlos en mi mente si los he disfrutado tan cerca que podía tocarlos con el aliento. Y ahora que los siento lejos, son más deseables, porque creo que miran perdidos y solo yo sé guiarlos.

Deja un comentario