Vecinas

Me preguntan las vecinas si le voy a regalar algo estas fiestas. Se dan cuenta que siempre tiendo orientando la ropa a la ventana dónde desayuna, y que mis pinzas son del color de la blusa que trajo la última vez. Han creado un comité y se reúnen los jueves a la noche. Se quedan en vela por si la ven aparecer. Los viernes todos tenemos ojeras, ellas por la noche en blanco, yo porque he manchado el blanco de mis hojas con tinta esperando que las lea.

El ciego Bitrán

El ciego Bitrán llevaba más de doce años diciendo mentiras. Engañaba a la gente que no conocía su ceguera. Les decía que podía ver los espíritus que les rondaban y qué intenciones tenían. A una mujer le hizo creer que llevaba atada una cuerda a su vestido con la que arrastraba las ánimas de sus antepasados, y desde ese día la mujer caminó desnuda por el mundo. A los niños les decía que sólo cuando yaciesen con otra persona podrían curar sus pecados y alguno se lo creyó tanto que acudió esa misma noche al lupanar del pueblo.
El ciego Bitrán había quedado ciego a la temprana edad de 12 años cuando un primo suyo le tiró cal a los ojos porque decía que así vería a través de las paredes. A su primo lo desterraron sus padres al cuartel de la capital y nunca más se supo de él. Ahora Bitrán se ponía en la puerta del mercadillo, con sus gafas oscuras y aparentaba ver, haciendo juegos con las cartas. Cuando alguien le preguntaba a qué jugaba decía que al juego de los espíritus y así los convencía de que tenía poderes.
Cuando un día lo encontraron muerto en la calle, nadie supo de qué había fallecido. Había recuperado la vista unos instantes, los justos para ver llegar a su primo que volvía para pedirle perdón. El imaginó que llegaba para rematarlo y murió del susto.

Lista

Las otras musas, las etéreas, me han pedido que haga una lista de lo mejor del año. Usted sale en cuatro posiciones. No le cuento el ángulo de ninguna para no darle pistas. Le aseguro que es complicado ser trending topic en mi ecléctica existencia. Malgastaré los días que quedan para que no haya intromisiones.

Blanco y negro

Llevo horas pensando escribirle en blanco y negro, sin tildes, y sin rimas. Los acentos se juntaron en la esquina de la mesa y convocaron una huelga para la mejora de sus condiciones laborales. Las rimas se han ido poniendo en fila listas para otro texto, aunque me miran mal. Que pena que no pueda usar ni su apellido. Otra vez le dedico un soneto de quince versos

Persa

Que difícil me lo pone, señora. Me he atado las manos, he puesto el teclado en persa, y hasta he apagado la pantalla. Pero sigo viéndola y mis dedos siguen queriendo adorarla. Y me prometí no hacerlo público, por eso he batido esta lucha que voy a acabar perdiendo. Llevo tres días perdiendo. Si aprende persa, le mandaré lo que me ha inspirado.

Persa

Que difícil me lo pone, señora. Me he atado las manos, he puesto el teclado en persa, y hasta he apagado la pantalla. Pero sigo viéndola y mis dedos siguen queriendo adorarla. Y me prometí no hacerlo público, por eso he batido esta lucha que voy a acabar perdiendo. Si aprende persa, le mandaré lo que me ha inspirado.

Espalda

Lo de recorrer su espalda, ha pasado de ser un privilegio a una necesidad. He planeado el lugar de los peajes, las zonas de descanso y las salidas de emergencia. Todo a voluntad del blues que suene. Un solo sentido para provocar atascos, una ruta para las gotas de sudor, un paisaje para un solo espectador.

Cláusula

He tenido que modificar el artículo trece de nuestro contrato de no convivencia. Me llamaban pasantes apremiando. Ya se que no se lo ha leído, aunque lo pinté en el zaguán de su librería favorita. Me interesa sobre todo la cláusula de reconocimiento tácito en los bares. Está hecho para sellarlo con espuma de cebada. Los demás son para improvisar

Imaginar

Yo quería haber escrito un libro con la portada en relieve, que los versos se leyesen sin abrirlo para verle leerlo, sin dejar de mirarle a los ojos. Yo, que aprendí a escribir imaginándomelos, no me imagino el placer que debe ser dejar de imaginarlos.

Semana

El lunes llovió como si no hubiese mañana, y no te vi
El martes te vi salir de tu casa con un paraguas, aunque no llovía
El miércoles te esperé para regalarte un chubasquero
El jueves ya me sonreíste al verme esperándote
El viernes volvió a llover y nos refugiamos en una cafetería
El sábado pasamos más rato mirándonos a los ojos que respirando
El domingo anunciaron que el lunes volvería a llover.