Sueño

Aprovechando que duerme la ciudad, usurpo éter de los sueños para construirla despacio y recordarla deprisa. Y mis manos, más rápidas que mi mente, ya han construido un relato que se sostiene entre cimientos cimbreantes al son de sus caderas. Que triste sueño el de quien no la sueña

Pedestal

Y ahí le pongo el pedestal. Dicen que molesta a las palomas, yo prefiero que vayan a escuchar jazz a otro sitio. Hoy no he sabido nuevas y he tenido que pintar las paredes del color de su película favorita. Encontré otro bar en el que besarnos, y está lleno de espejos. No se extrañe si el pedestal no está cuando usted vuelva, será que lo convertí en poema.

Estrella

Debe ser la hora de invitarla a recoger estrellas de mar, de invitarla a pasear por veredas que no la reconocen, de descorchar botellas de vino con etiquetas en idiomas que inventaremos. 

Debe ser la hora de escribirle en las esquinas de los libros, de marcar páginas en el árbol que nos dará sombra cuando tenga la mirada tan limpia de preocupaciones, que hasta el horizonte se avergonzará de atardecer. Debe ser la hora…


Pupitre

Hoy suspendería todos los exámenes de matemáticas en los que tuviese que despejar la incógnita de su nombre. Dejaría para mañana los problemas de rigor para centrarme en los comentarios de textos que le dejo escritos en su pupitre. Y forraría mi carpeta con las fotos que deja desperdigadas a su paso. Me quedaré esperando su respuesta, estaré como siempre en la última fila, para no molestar.  

Hoguera

Empecé un nuevo cuaderno porque colapsé las hojas del viejo. Le guardo los mensajes, los dibujos y las recetas que no le pude enviar. Si empezamos a leerlo antes del invierno podremos calentarnos con las hojas que arrojemos al fuego cuando las memoricemos. Hay pasajes imposibles de traducir si no es con verbos reflexivos, y hasta puede que tengamos que pedir permiso para semejante hoguera.

Vértices

Ahora que no la veo, señora, la imagino y la recuerdo vehementemente. No busque sus iniciales en las frases porque las escondo entre mareas para no levantar sospechas. He bajado todas las persianas por si aparecía, y hasta en los sueños veo sus vértices aforados que buscan el hedonismo. Yo sigo con mis rutinas esperando que me descoloque su presencia.

A lo mejor…

A lo mejor todo estaba escrito en alguna suite de Bach, y por eso mis contraseñas son ahora de plásticos de colores. Tal vez mis vecinos son imaginarios y sean ellos los que precintan mi puerta del jardín donde planto regaderas. Hasta creo que las variaciones Goldberg, marcan algo más que el compás de la línea de bajo, y que yo debería aprender a escribirle con algo más que lápiz y papel.

Arquímedes

He descubierto que puedo componer sonetos acariciando su cabello mojado. He visto que en su piel se pueden dibujar Giocondas que no se sabe si sonríen o no. He notado que parar el tiempo es el principio de Arquímedes interpretado por sus tacones. Estoy intentando escribir esto en verso, pero no rima porque me lío con las vocales abiertas y cerradas de su nombre. 

Letras

Más de una semana para olvidar el soneto de sus besos. Años para recordar la rima de sus jadeos. Ríos de tinta para enlazar los versos de su vestido. Incontables días para concertar la próxima cita. Ansia para juntar las letras que dan sentido a sus textos.