Colores

He estado esperando a ver sus letras verdes, pero hoy ha debido ser un día gris. Sospecho que mis textos rosas le han hecho sentir de color negro. Y siento los malentendidos sobre todo si son de color almendra. No me ponga en color rojo que aún quedan tonos de amarillos como el submarino. Yo solo quería teñir en azul los momentos ámbar, y decirle que, aún con distancia, podemos pintar muchas cosas.

Dado

He dividido mi cama en zonas dónde podrá apoyar su espalda. Me salen impares y yo soy diestro, usted elegirá primero por tanto. A la tercera tirada cambiamos de sábanas y yo elijo color. Si su dado cae mirando al techo, le recito el be(r)so secreto del otoño. De momento disfrute de su reposo. Let it be me next time

Certezas

Me quedé con la duda de saber cuánto queman sus besos. A tres centímetros de pintarle un poema en la suela de sus zapatos, a dos canciones de sacarla a bailar un desayuno, a un suspiro de dejarme llevar por la música de sus miradas. Y sigo haciendo cuentas porque mientras acumulo certezas, le escribo verdades que se quedaron a ochenta y seis milímetros de salir a la luz.

Fluorescente

Que pena que ya haya canciones con su nombre. Ahora que había compuesto una en colores.
No era fácil pintar las cuerdas de la guitarra, y feo pintar las teclas del piano, por eso me pinté los dedos de colores. Ahora, además de escribirle este texto, voy dejando un rastro colorido sobre el papel que emula una balada que solo podrá leerse de noche porque usé tinta fluorescente para competir con el color de sus ojos.

Sueño

No necesito su permiso para soñarla, pero le quiero advertir por si lo ha notado. Es recurrente y placentero y se está convirtiendo en una bella costumbre. Temo no despertarme si alguna noche no la sueño. No le contaré más detalles porque debe quedar entre nosotros, sobre todo porque es nuestro sueño.

Techo

Si hubiera venido anoche a mi casa, le habría invitado a ver las páginas que he creado con su inspiración, y habría visto las estrellas que pinté en mi techo formando las letras de su nombre, y habría dormido entre las sábanas qué perfumé con su recuerdo. Y hoy habría desayunado los manjares que preparé noche tras noche mientras le evocaba.
Pero me invitó a la suya, y nada de eso estaba preparado. Por eso he tenido que levantarme cuando se quedó dormida y empecé a escribir estos textos para llenar sus paredes. Luego, cuando despierte, empezaré a pintar su techo.

Marea

Cómo debe ser acompasarse a sus jadeos… Algo similar a ser ola balanceada y romper en las rocas. Un estallido de espuma oxigenada. Que ganas de ser una marea con custodia compartida en su acantilado

Museo

¿Por qué lo llaman museo si nunca la encuentro dentro? Aunque me gusta la sorpresa cuando se presenta etéreamente y me dicta, prefiero un lugar de encuentro, una conversación banal para mirarla y un recuerdo para reconstruirlo mil veces.
Siga siendo mi musa como usted prefiera, señora. A estas alturas no puedo ponerle condiciones. Y los museos… ellos se lo pierden.

Alertas

Ayer empecé a programar sus versos del próximo otoño. Me salen días alternos con tormentas de endecasílabos y tres sonetos con precipitaciones por fin de semana. Los lunes serán benévolos, pero a medida que se acerque el jueves habrá brisas que se convertirán en huracanes grado 3. No se preocupe porque ya avisé al servicio de Metereología poética, y solo se pondrán en alerta en caso de avalancha, y le aseguro que las únicas que tengo previstas serán en privado.

A la vuelta

Verá al volver a casa que le limpié las cuerdas del tendedor, acumulaban pinzas de las que le cuelgo versos fluorescentes para que solo se vean de noche. Terminé también de colocar el espejo del recibidor, le puedo asegurar que nadie se ha reflejado aún en él porque llevaba mi traje de invisibilidad, a lo mejor no funciona cuando la vea por la ley de la belleza reflejada 2.0. El buzón lo tiene listo, se le ordenarán las cartas por factor de imprudencia, aunque ahora somos pocos los que escribimos en papel y, en mi caso, con mala letra. Le dejaré las llaves en la fuente seca de la plaza, las vigilará el sereno ciego, me pidió pagarle con cintas de colores. Y como no sé cuándo regresa dejaré este texto inconcluso, ya lo titularé con su nombre cuando la vea sonreír.