Invisible

Ser invisible tiene sus ventajas. Yo soy el invisible y usted las ventajas. Yo el transparente, usted el muro con todos mis textos. Yo la copa de cristal, usted el líquido que me embriaga. Yo el viento, usted la que llega. Yo el silencio, usted la banda sonora. Ser invisible tiene ventajas. Ahora no estoy ahí, pero usted me recuerda

2019

Temblé al acercarme a usted, le dediqué lo que nunca reconoceré, le miré a los ojos, buceé aún dormido, paseé como si fuera a mi lado, le preparé tostadas, le imaginé a horas intempestivas, le guardé el albornoz por si venía, compré licores que adora, le eché de menos aún cuando estaba, poseí recuerdos del futuro compartido, anhelé que leyese como yo escribo, compuse como si supiese. Todo en un año en el que dicen que además publiqué un libro. Y dos mil diecinueve no es primo.

Lego

He ampliado la memoria de mi teléfono para hacerle fotos mientras hablamos. Un acuerdo con el meteosat me permite observar si camina nerviosa, o si se recrea mirando en lontananza los alrededores. Estamos en fase de pruebas. El Ministerio insiste en triangular la señal y buscar cuevas horadadas y habitadas por seres que no pagan alquiler. A mí eso me preocupa, por si en alguna de esas búsquedas encuentran la mesita y las dos sillas que le estoy imprimiendo con piezas de lego con el color de sus ojos, y de las que no pienso pagar impuestos.

Vecinas

Me preguntan las vecinas si le voy a regalar algo estas fiestas. Se dan cuenta que siempre tiendo orientando la ropa a la ventana dónde desayuna, y que mis pinzas son del color de la blusa que trajo la última vez. Han creado un comité y se reúnen los jueves a la noche. Se quedan en vela por si la ven aparecer. Los viernes todos tenemos ojeras, ellas por la noche en blanco, yo porque he manchado el blanco de mis hojas con tinta esperando que las lea.

El ciego Bitrán

El ciego Bitrán llevaba más de doce años diciendo mentiras. Engañaba a la gente que no conocía su ceguera. Les decía que podía ver los espíritus que les rondaban y qué intenciones tenían. A una mujer le hizo creer que llevaba atada una cuerda a su vestido con la que arrastraba las ánimas de sus antepasados, y desde ese día la mujer caminó desnuda por el mundo. A los niños les decía que sólo cuando yaciesen con otra persona podrían curar sus pecados y alguno se lo creyó tanto que acudió esa misma noche al lupanar del pueblo.
El ciego Bitrán había quedado ciego a la temprana edad de 12 años cuando un primo suyo le tiró cal a los ojos porque decía que así vería a través de las paredes. A su primo lo desterraron sus padres al cuartel de la capital y nunca más se supo de él. Ahora Bitrán se ponía en la puerta del mercadillo, con sus gafas oscuras y aparentaba ver, haciendo juegos con las cartas. Cuando alguien le preguntaba a qué jugaba decía que al juego de los espíritus y así los convencía de que tenía poderes.
Cuando un día lo encontraron muerto en la calle, nadie supo de qué había fallecido. Había recuperado la vista unos instantes, los justos para ver llegar a su primo que volvía para pedirle perdón. El imaginó que llegaba para rematarlo y murió del susto.

Lista

Las otras musas, las etéreas, me han pedido que haga una lista de lo mejor del año. Usted sale en cuatro posiciones. No le cuento el ángulo de ninguna para no darle pistas. Le aseguro que es complicado ser trending topic en mi ecléctica existencia. Malgastaré los días que quedan para que no haya intromisiones.

Blanco y negro

Llevo horas pensando escribirle en blanco y negro, sin tildes, y sin rimas. Los acentos se juntaron en la esquina de la mesa y convocaron una huelga para la mejora de sus condiciones laborales. Las rimas se han ido poniendo en fila listas para otro texto, aunque me miran mal. Que pena que no pueda usar ni su apellido. Otra vez le dedico un soneto de quince versos

Persa

Que difícil me lo pone, señora. Me he atado las manos, he puesto el teclado en persa, y hasta he apagado la pantalla. Pero sigo viéndola y mis dedos siguen queriendo adorarla. Y me prometí no hacerlo público, por eso he batido esta lucha que voy a acabar perdiendo. Llevo tres días perdiendo. Si aprende persa, le mandaré lo que me ha inspirado.

Persa

Que difícil me lo pone, señora. Me he atado las manos, he puesto el teclado en persa, y hasta he apagado la pantalla. Pero sigo viéndola y mis dedos siguen queriendo adorarla. Y me prometí no hacerlo público, por eso he batido esta lucha que voy a acabar perdiendo. Si aprende persa, le mandaré lo que me ha inspirado.

Espalda

Lo de recorrer su espalda, ha pasado de ser un privilegio a una necesidad. He planeado el lugar de los peajes, las zonas de descanso y las salidas de emergencia. Todo a voluntad del blues que suene. Un solo sentido para provocar atascos, una ruta para las gotas de sudor, un paisaje para un solo espectador.