Vértices

Ahora que no la veo, señora, la imagino y la recuerdo vehementemente. No busque sus iniciales en las frases porque las escondo entre mareas para no levantar sospechas. He bajado todas las persianas por si aparecía, y hasta en los sueños veo sus vértices aforados que buscan el hedonismo. Yo sigo con mis rutinas esperando que me descoloque su presencia.

A lo mejor…

A lo mejor todo estaba escrito en alguna suite de Bach, y por eso mis contraseñas son ahora de plásticos de colores. Tal vez mis vecinos son imaginarios y sean ellos los que precintan mi puerta del jardín donde planto regaderas. Hasta creo que las variaciones Goldberg, marcan algo más que el compás de la línea de bajo, y que yo debería aprender a escribirle con algo más que lápiz y papel.

Arquímedes

He descubierto que puedo componer sonetos acariciando su cabello mojado. He visto que en su piel se pueden dibujar Giocondas que no se sabe si sonríen o no. He notado que parar el tiempo es el principio de Arquímedes interpretado por sus tacones. Estoy intentando escribir esto en verso, pero no rima porque me lío con las vocales abiertas y cerradas de su nombre. 

Letras

Más de una semana para olvidar el soneto de sus besos. Años para recordar la rima de sus jadeos. Ríos de tinta para enlazar los versos de su vestido. Incontables días para concertar la próxima cita. Ansia para juntar las letras que dan sentido a sus textos.

Epicentro

Pagaría cien monedas de aire por volverle a sentir respirar agitadamente sin preocuparse de los mechones que le caían por la cara. Por verle la cara de nuevo cuando no me veía a pesar de estar a tres centímetros de su epicentro. 

Le invito gratis a repetirlo, la coyuntura económica ha puesto por las nubes el deseo, y aún tengo divisas que repatriar.

Islas

Todas las islas se merecen un relato, sobre todo las islas como usted. Y pasear por sus acantilados, y memorizarlos. 

A lo mejor se merecen hasta un náufrago que las habite, y yo navego ya sin velas porque las usé para escribirle. Necesitaría, tan solo, conjugar en pasado el verbo encallar.

Correligionarios

Me guardaré el secreto de lo que veo en usted. Yo, que veo en sus ojos profundidades incoloras devoradas por su mirada, debo haber desarrollado un séptimo sentido que me hace verla necesaria por cosas que nadie imagina, Si todo lo que posee fuera visible, tendría correligionarios adictos a su presencia. 

Yo fundé su club de fans, y cerraré las inscripciones cuando lea esto.


Nadie se cree

Nadie se cree que he visto la película de los besos que nos daremos, incluídas las tomas falsas. No soy capaz de conformarme con el trailer de aquella noche, que lloviendo, saltamos cogidos de la mano charcos que aún no habían sido bautizados. Al final saldrán los créditos ordenados por aparición, pero usted y yo ya nos habremos escondido en la fila que, a oscuras, resalta su mirada como un estreno en Hollywood