Saltar al contenido →

Naranjas

Han cerrado todas las fruterías del barrio, incluso la de la chica que despachaba de espaldas para que pudiésemos ver sus tatuajes con formas de satélites. Ahora no puedo comprarle las naranjas del diámetro perfecto con las que decoramos aquella tarde el pasillo. He plantado un naranjo en mi balcón, pero según sus cuentas, florecerá el segundo abril después de la fiesta de los bombones. 

Yo se que le gusta desayunar zumo recién hecho, pero se tendrá que conformar con que yo pueda irradiar por las mañanas y calentarle su café con las mismas manos que acaricio su espalda mientras sueña despacio

Agradecería tu puntuación

Haz clic en las estrellas

Media de puntos 0 / 5. Votos: 0

No se han registrado aún votos.

Publicado en #1minuto microrrelato poemas

Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *