Epicentro

Pagaría cien monedas de aire por volverle a sentir respirar agitadamente sin preocuparse de los mechones que le caían por la cara. Por verle la cara de nuevo cuando no me veía a pesar de estar a tres centímetros de su epicentro. 

Le invito gratis a repetirlo, la coyuntura económica ha puesto por las nubes el deseo, y aún tengo divisas que repatriar.

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