El ciego Bitrán

El ciego Bitrán llevaba más de doce años diciendo mentiras. Engañaba a la gente que no conocía su ceguera. Les decía que podía ver los espíritus que les rondaban y qué intenciones tenían. A una mujer le hizo creer que llevaba atada una cuerda a su vestido con la que arrastraba las ánimas de sus antepasados, y desde ese día la mujer caminó desnuda por el mundo. A los niños les decía que sólo cuando yaciesen con otra persona podrían curar sus pecados y alguno se lo creyó tanto que acudió esa misma noche al lupanar del pueblo.
El ciego Bitrán había quedado ciego a la temprana edad de 12 años cuando un primo suyo le tiró cal a los ojos porque decía que así vería a través de las paredes. A su primo lo desterraron sus padres al cuartel de la capital y nunca más se supo de él. Ahora Bitrán se ponía en la puerta del mercadillo, con sus gafas oscuras y aparentaba ver, haciendo juegos con las cartas. Cuando alguien le preguntaba a qué jugaba decía que al juego de los espíritus y así los convencía de que tenía poderes.
Cuando un día lo encontraron muerto en la calle, nadie supo de qué había fallecido. Había recuperado la vista unos instantes, los justos para ver llegar a su primo que volvía para pedirle perdón. El imaginó que llegaba para rematarlo y murió del susto.

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