Fluorescente

Que pena que ya haya canciones con su nombre. Ahora que había compuesto una en colores.
No era fácil pintar las cuerdas de la guitarra, y feo pintar las teclas del piano, por eso me pinté los dedos de colores. Ahora, además de escribirle este texto, voy dejando un rastro colorido sobre el papel que emula una balada que solo podrá leerse de noche porque usé tinta fluorescente para competir con el color de sus ojos.

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