Me propuse anoche escribirle el relato más cautivador

Me propuse anoche escribirle el relato más cautivador, y ya estaba por la decimotercera palabra cuando empezaron a entrar extraños por la ventana. Los locos de las camisas a rayas horizontales llevaban escaleras que solo sirven para bajar; la dama de los balcones recitaba en una esquina de mi salón la letanía de los pastores en huelga y la sinfónica de las siestas interpretaba el ronquido en mi menor para piano y almohada. Entraron también doce vecinos sonámbulos que solo salen cuando hay penas de amor en la calle. Y entre todos escondieron mis papeles por cajones prohibidos, se llevaron los lápices de colores que compramos en la feria de los tacones bajos y al salir pintaron mi puerta de su color favorito. Y por eso ando escribiendo esto en el muro de su casa, a ver si se da por aludida y viene a ayudarme a terminar el relato que empezaba por “me propuse escribirle anoche”

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