Microrrelato leído por Yolanda del Bosque (La casa)


 

Solo teníamos una ventana en toda la casa que daba al gran ventanal de los vecinos. Y nos pasábamos horas mirando su vida. Nos parecía increíble que desperdiciasen tanta comida cuando nosotros pasábamos con una lata de atún y un panecillo muchas noches; y que hiciesen fiestas a las que acudían siempre los mismos con cara de aburridos. Nosotros bailábamos con la música que se escuchaba desde su casa, al ritmo que ellos querían poner, nunca podíamos elegir, pero tu te sabías (o te inventabas) todos los pasos. Un día dejaron de aparecer los invitados, y luego cada  vez que nos asomábamos había menos muebles y menos cuadros, y ya no eran tan onerosos con las comidas. Pero nosotros seguíamos a nuestro ritmo de vida. Madrugábamos, trabajábamos, nos queríamos y los observábamos.

Hoy he vuelto a ver al señor por la calle, hacía meses que no lo veía, desde la vez esa que estaba llorando en la ventana. Iba con una monja, no lo hubiera conocido por sus ropas, pero el si que me ha conocido. Había muchas noches que se nos quedaban mirando desde su ventanal y se reían. Y hoy me ha preguntado como estaba la casa. Y le he dicho que la suya está ahora ocupada por otras personas, pero que la nuestra sigue igual de feliz, porque nos dedicamos a trabajar, amarnos y a no desear nada más. Haya quien haya al otro lado del patio.

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