Cuando le entregue el libro

Cuando le entregue el libro vamos a tener que disimular. Yo no podré reconocer públicamente que está dedicado a usted, y usted tendrá que leerlo en voz baja para que yo la oiga. Se lo dedicaré con juegos de palabras; se lo escribiré, si me lo pide, en su espalda. No lo tengo memorizado, solo tengo que imaginarla. Tendría para tres libros más, solo con su mirada.

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