Cuando le entregue el libro

Cuando le entregue el libro vamos a tener que disimular. Yo no podré reconocer públicamente que está dedicado a usted, y usted tendrá que leerlo en voz baja para que yo la oiga. Se lo dedicaré con juegos de palabras; se lo escribiré, si me lo pide, en su espalda. No lo tengo memorizado, solo tengo que imaginarla. Tendría para tres libros más, solo con su mirada.

Vestido

Me imagino su espalda al aire con el nuevo vestido de color sábado, y ya estoy pensando en los versos que le escribiré en ella cuando encuentre un color que resalte su piel.