Se ha olvidado la bufanda negra, señora

Se ha olvidado la bufanda negra, señora. Creo que es la misma con la que nos cubrimos aquella tarde de lluvia. Se la voy a dejar doblada con forma de golosina junto a su libreta, esa misma que me tienta todas las tardes para que le deje una nota, un dibujo o un poema con forma de dibujo en una nota. Cualquier día me dejo vencer por la tentación y le complico un poco la vida. A mi me la complican sus ojos cada tarde, cada recuerdo, cada nota, cada canción, cada bufanda. Y me dejo llevar, porque me gusta marearme en fondos grises y negros. A ver cuando dejamos de girar desfasados y nos sincronizamos aunque sea para explicarle estas cosas que le escribo.