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A estas alturas

A estas alturas ya sabrá, señora, que su mirada quema, que sus ojos no son terrenales, que dónde miran abrasan. Lo he comprobado muchas veces, cada vez que veo su foto en mi teléfono debo apartar la mirada. Y no es por eso por lo que no la llamo, ya lo sabe, señora, es por algo más mágico. Me atrevo a mandarle estos mensajes con la esperanza de que los lea, levante la mirada hacia el cielo y, por el resplandor, sepa donde localizarla. Si por el camino, su rayo quema la luna, que le vamos a hacer. Lo llamaré daños colaterales, pero usted no deje de mandarme señales.

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Publicado en microrrelato poemas Relato

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