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La llamaré ojos grises

La llamaré ojos grises, señora, porque no puedo llamarla por su nombre en este barrio. No le mandaré flores para no levantar sospechas entre los jardineros, ni le mandaré bombones por si acaso me ven los envidiosos del muro. A lo mejor le mando una bufanda a juego con sus guantes uno de estos días que tanto viento se levanta por la avenida, sabiendo que su cuello es frágil, como de porcelana pintada a mano. Y me conformaré pensando que sonríe cuando los reciba. Tal vez sea primavera cuando nos volvamos a ver, pero sepa que todas las semanas la invito veladamente a una tarde entre los bastidores de mi pequeño teatro de los sueños, esos en los que usted, señora, aparece y desaparece.

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Publicado en microrrelato Relato

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