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Tenías los labios pintados

Tenías los labios pintados del color de los cristales de las mis gafas, los pendientes a juego con el atardecer que nos esperaba y los zapatos rendían homenaje a la ropa interior que te iba a besar. El domingo parecía hacer honor a tu sonrisa maliciosa cuando esperas que te diga viejos poemas que escribí cuando aún no te conocía. La mesa escondía los juegos calientes de nuestros pies, y cada vez más paseantes se quedaban mirando tu escote con forma de deseo. Pagamos con monedas redondas como el tatuaje de tu espalda y caminamos lentamente como la enredadera que formaban nuestros dedos entrelazados. En la puerta de tu ascensor quedó una marca en forma de pasión. En tu pasillo, casi tan largo como tu espalda, tus tacones quedaron marcando el camino a esas sábanas que nos envolvieron, nos estorbaron, arrugamos y humedecimos.

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Publicado en microrrelato

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