Incendios de nieve

Tengo un plan, señora. Un día bajo su ventana nos juntaremos unos cuantos amigos que he conocido. Un equilibrista ciego, dos fakires que realmente tragan fuego, un pianista que toca el saxofón, y tres chicas que vienen a aparentar. Hay también una docena de cantantes variados que no saben bailar, tres amantes de la luna que se apuntan porque será de noche. Vendrá ese ser que conocimos en la cabaña del monte y que sabía llamar a los animales con su lenguaje, quiere convocar a todos los perros de los vecinos. He convencido a trescientos bailarines que treparán para bailar en tu balcón, y al que tocaba la batería con El último de la fila. Y cantaremos todos esa canción que pinté en tu espalda con mis dedos mientras mirabas la playa. Espero que sus vecinos no se molesten porque pensamos dar mucho la lata. Hasta que se asome y nos diga que lo hacemos bien o nos tire comida para que nos callemos.

Yo lo tengo ya todo perdido, señora. Y a lo mejor después de eso no soy persona y me convierto en espuma. Pero no será en vano el intento, y estoy seguro que nunca nadie jamás podrá superar tanta locura junta. Y espero contar con su perdón, señora, si esto le llega a molestar. Pero he de intentarlo

Me vas a tener que perdonar mis olvidos

Me vas a tener que perdonar mis olvidos. Porque en este tiempo he olvidado cosas que nunca pensé que olvidaría. No se que talla usas, ni si te gusta el café solo o con leche. He olvidado el nombre de tu mascota y la hora a la que sales de trabajar. No se si tienes una canción preferida, ni que ves en la televisión. No recuerdo dónde fuiste en tus últimas vacaciones, ni el nombre de tus hermanos. He olvidado hasta el talle de tu cintura, y la tersura de tu piel, y el color de tu mesilla. Ha sido todo tan repentino que he borrado toda mi memoria en el mismo instante en que me has dejado saborear de nuevo el néctar de tus labios. Y ahora te tengo que volver a descubrir. Y no me imaginaba que iba a ser una aventura tan placentera.

Vals nº 2 de Shostakovich

Te perdiste que bailásemos el Vals nº 2 de Shostakovich, te marchaste un poco antes de que la orquesta interpretase esa melodía. Me dijeron que ya estabas de camino a tu casa cuando te busqué para sacarte a la pista. No había rastro de tu vestido negro, ni de tus zapatos de tacón. No hay cosa más triste que escuchar esa pieza y soñar que te tengo cogida del talle y de la mano, y ver que estoy bailando con el pensamiento. Si hay una fiesta como esa, cerraré todas las puertas, despacharé a todos los bailarines y pediré a la orquesta que alargue el vals hasta que caigas rendida en mis brazos.

Ustedes dirán lo que quieran

Ustedes dirán lo que quieran, pero yo voy a amarla. No me importa el tiempo, ni no tener la certeza de que algún día llegue a buen puerto mis intenciones, pero yo seguiré queriéndola. Porque no encuentro mejor antídoto para mi ánimo, ni mejor futuro para mi alma. Tener tan claro el objetivo me da alas para respirar.

Ustedes dirán que mira para otro lado, que ya no le importo, y seguramente tendrán razón, pero llegó un momento en mi vida que no me importan otras cosas que su presencia aunque sea solo evocadora.