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Todo música

Que sepa usted, señora, que voy a poner unos altavoces desde su casa a la oficina, que voy a poner esas canciones que le motivan, que le enardecen, que va a sonar la canción de su vida mientras cruza la calle, que va a sentir como tiembla el suelo del ascensor con el sonido de unos timbales. Que cuando llegue a su silla, señora, ya no sabrá si está sonando la melodía de su vida, o la novena de Beethoven. Y al cruzar de nuevo de acera a acera, no sonarán ni sus zapatos porque será como caminar entre algodones. Y así todos los días, señora. Y cuando llegue la hora de volver a casa, tendrá la música más relajante que pueda imaginar, tan relajante que hasta los zapatos se le despegarán solos de los pies e irá descalza por una alfombra con forma de pentagrama. Y cuando encuentre la paz de su hogar, señora, habrá cien violinistas componiendo solo para usted, a los cuales, si me deja, dirigiré desde la sombra.

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Publicado en microrrelato Uncategorized

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