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Señora

Señora, usted dirá lo que quiera, pero si no hay nadie por calles es porque no se atreven a competir con usted. Quien, en su sano juicio, señora, va a salir a estas horas teniendo que bajar la mirada para no cruzarse con su insultante mirada de estrella. Señora, soy un afortunado de ir a su lado, porque es la única manera de no enfrentarme cara a cara con su belleza. Ruego para que no tenga la osadía de volverse y mirarme a la cara, señora. Porque entonces su luz me deslumbrará y no podré volver a escribirle. Señora, tenga esa compasión por mi.

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Publicado en microrrelato Uncategorized

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