Navidad -1

No va a ser una Navidad como acostumbrábamos, señora. No verteré el champán en su cuerpo el día de Nochebuena, y no habrá pasteles de ternura a la mañana siguiente para desayunar. Las velas de nochevieja no podrán ser de mantequilla, ni la comida de Año Nuevo los restos de besos que nos dejamos tras las uvas. Ni habrá regalos bajo las sábanas. Pero al menos espero que al llegar Reyes tengamos el regalo de nuestro abrazo. Eso si, señora, usted decidirá si lo hacemos vestidos, o como antes.

Sabes que no puedo volver a quererte

Sabes que no puedo volver a quererte. Es imposible. No hagas nada para que eso suceda, es perder el tiempo. Es nadar contracorriente. No puedo volver a quererte, no puedo volver a sentir. No hay más remedio que afrontar lo imposible. A lo mejor hubiese sido posible en otro momento pero ahora ya, es imposible. Y lo sabes. No se ha dado el caso. No puedo volver a quererte porque antes tendría que haber pasado lo que nunca pasó, que dejase de hacerlo.

Ahora que llega la primavera

Ahora que llega la primavera voy a hacer mi lista de propósitos: voy a pedir que amanezca cuando salgas a la calle, que llores sólo cuando haya luna llena los martes a mediodía, que sonrías cuando la tierra esté girando, y que el sol te de en la cara aún cuando estés de espaldas. Que haya un amigo en cada esquina, que salgas de viaje cada vez que cojas el ascensor y que camines sobre baldosas amarillas que te indiquen el camino hasta ese lugar que andas buscando. Voy a pedirte una Navidad cada semana, y que tu familia te regale alegrías hasta dormida. Que te espere por las noches el sonido de tu canción preferida y que bailes aunque sea con el pensamiento, que desayunes tostadas de autoestima y café caliente recién hecho en cuanto apagues el despertador. Que haya una mano en tu bolsillo que te agarre cuando pierdas el equilibrio y una voz que diga “tu puedes” cada vez que suene tu teléfono. Pediré que te acerquen las estrellas por la noche, y las que las olas del mar rompan en tu mesa de trabajo para que las escuches, y que no haya ruidos en tu día, ni malas compañías, que lo único que te haga gritar sea el placer de vivir. Pediré, si me dejas, que te pueda esperar un día a la semana para comprobar que mis deseos se cumplen. Porque si no, no quiero más primaveras

Señora

Señora, usted dirá lo que quiera, pero si no hay nadie por calles es porque no se atreven a competir con usted. Quien, en su sano juicio, señora, va a salir a estas horas teniendo que bajar la mirada para no cruzarse con su insultante mirada de estrella. Señora, soy un afortunado de ir a su lado, porque es la única manera de no enfrentarme cara a cara con su belleza. Ruego para que no tenga la osadía de volverse y mirarme a la cara, señora. Porque entonces su luz me deslumbrará y no podré volver a escribirle. Señora, tenga esa compasión por mi.