Ya tenía todo preparado para tu llegada

Ya tenía todo preparado para tu llegada. El mantel blanco sobre la mesa, las copas de vino de cristal fino, las servilletas de lino que compraste en Portugal, los platos y cubiertos de las grandes ocasiones. El asado estaba en su punto, el vino descorchado y oxigenado, las velas preparadas para ser encendidas, y la música de ambiente que tanto te gustaba. Y yo esperando en la puerta para ver llegar tu coche y abrirte.
Y se te ocurrió entrar por la parte de atrás, quitarte la ropa y esperarme en la puerta del dormitorio, sólo con aquel conjunto que me encantaba. Si no llega a ser porque el perfume de tu cuerpo era más fuerte que el que salía del horno, aún estaría esperando para darte yo la sorpresa.

He tenido que aprender a escribir de nuevo

He tenido que aprender a escribir de nuevo porque has cambiado el sentido de todas las palabras. He aprendido de nuevo los colores porque todo lo veo distinto desde que te conozco, y los nombres de las cosas han cambiado desde que sé como los nombras. He tenido que descubrir las calles por las que paseaba y verlas de otra manera, hasta los alimentos saben distinto y casi no distingo lo salado de lo dulce.
Has cambiado el orden de las páginas de los libros que leo y las películas tienen nuevos argumentos. Las personas que conocía tiene nuevas personalidades y las canciones cuentan cosas distintas a las que yo creía. Ya no soy capaz de ver un cuadro como antes, y todos tienen nuevas perspectivas, y las noticias me parecen todas al revés de como yo las percibía. Ahora tengo que aprender de nuevo todo, y tengo que adivinar como publicar este escrito para que tenga sentido y quien lo lea no crea que estoy loco. Aunque hasta eso ha cambiado y ahora ya no me importa.

Ahora que no soy nada (tuyo), tengo todo (tuyo)

Ahora que no soy nada (tuyo), tengo todo (tuyo). Porque tengo un álbum ficticio que no se puede abrir ni cerrar donde están todos los recuerdos, y un frasco de perfume vacío, lleno de tu aroma. También tengo un pasillo lleno de tus idas y venidas, y una cama con las sábanas sin cambiar. Un vaso que no consigo vaciar de tu bebida preferida y hasta el polvo de los muebles que quito y vuelve a aparecer con tu huella. Ha aparecido una señal en la mampara del baño con la forma de tu espalda y ni el agua la puede mojar, y la toalla siempre está húmeda. Los vecinos dicen que te han visto todos los días llegar sin abrir la puerta, y el cartero trae cartas vacías para tí. La luna sale siempre por la ventana de tu cuarto y el sol no aparece hasta que suena tu despertador. Todo esto que tengo (tuyo) no me vale, porque no soy nada (tuyo)