Era insufrible ver como mi abuelo intentaba regar las macetas de su jardín con aquel temblor en las manos

Era insufrible ver como mi abuelo intentaba regar las macetas de su jardín con aquel temblor en las manos. La regadera bailaba y esparcía el agua alrededor de la planta, siendo pocas las gotas que acababan en su objetivo.

Mi hermana Ester y yo le ayudábamos en su tarea y así al menos una vez a la semana las flores recibían su dosis de agua.

Luego llegó el invierno y la primavera, y era la naturaleza la que decidía cuando regar. Al llegar junio mi abuelo ya no podía levantarse de la cama, pero nos pedía, cuando íbamos a verlo, que le trajésemos la regadera junto a su lecho y nos explicaba como debíamos regar. En agosto falleció, y esparcimos sus cenizas por el jardín, junto a las macetas. Ahora regamos las plantas cuando vamos y mi abuelo nos observa y nos regaña si no lo hacemos bien.

Una gota un sonido un suspiro un deseo un te quiero

Una gota un sonido un suspiro un deseo un te quiero.

Una gota un sueño un charquito un poema diez besos.

Una gota un tejado una sombra una luna tres deseos.

Hay una luz esperándonos sobre una cama y una hora eterna para el amor hay dos cuerpos que se desean y un suspiro contenido que se alarga en el tiempo.

Te haré perder la noción del tiempo si dejas que mis manos luchen entre poros de tu piel que se sumerjan en los océanos de tus rincones y que mis labios acaben el beso mas largo del mundo Beberé del manantial de tus pechos para saciar mi sed de amor Abriré mi corazón para entrar en tu cuerpo y perderé la llave para no salir.

Lloraré del placer que te provoque si veo tus ojos dichosos y moriré si hace falta en tus brazos por una frase de tus labios que deseo de todo corazón. Hoy soñé que te besaba que tus labios eran de algodón que tu boca era de fresa y tus besos de alcohol.

Desperté borracho y enamorado y abracé la almohada por si tu cuerpo se había colado en mi sueño

No abrí los ojos, aún despierto por no romper el hechizo y seguí soñando con tus besos hasta que los tuve entre mis labios.

 

Fumábamos como locos

Fumábamos como locos, como si se fuese a acabar el mundo y no nos importase morir por su efecto. Todas la tardes acudíamos a aquel antro, pedíamos unas cervezas importadas y nos metíamos en la habitación que estaba llena de cojines.

No teníamos control sobre las horas que pasaban, ni de quien entraba y salía de aquella habitación. Solo sabíamos que cuando iban a cerrar, el dueño venía y nos abría las ventanas. La luz de la madrugada nos despertaba del letargo de tanto alcohol y marihuana.

Entonces íbamos a casa, y escribíamos en un cuaderno los relatos que nos imaginábamos mientras estábamos colgados. Y los publicábamos en el blog.

Y volvíamos a empezar.

No recuerdo ni cuando parábamos a comer.

Poemas del reencuentro (I, II y III)

I

Será como el momento mas deseado

de una rosa que se ve deshojada

y busca inmortalizarse en un cuadro

pintado por las mismas manos que la cortarán.

II

Tu recuerdo es como una difusa forma

que se me aparece cada mañana de mi vida

y que me guía en cada paso que voy dando

seguro, hacia tu sombra, hasta encontrarte.

III

Has sido la canción inacabada de mi vida

la que me gusta escuchar a cada momento

desde cuando te perdí de vista  en las líneas de mis poemas

los mismos que hoy devoro con la pluma del recuerdo.

 

Buscaré tu carta por los recuerdos

He vuelto a quemar dos minutos

intentando buscar tu carta

pero hoy no pasó el cartero

con el que jugaste aquel día.

 

Ven a verme, blanca almohada

que quiero romper el hechizo,

hacerte volar por la mañana,

y verte llorar por lo que hizo

aquella paloma enredada

en tu azul, volante vestido.