Gritar

El otro día le planté tres gritos en la puerta de su casa, son de temporada, y están acostumbrados a la soledad. No hace falta que los riegue, solo que los contemple al salir y entrar. Gritan en idiomas que aún no tiene adverbios, pero saben declinar porque saben reconocer el objeto directo y les encantan los verbos transitivos de primera conjugación.

Teorías

Creo fervientemente en las leyes magnéticas porque gracias a ellas sé que nuestros labios no son del mismo polo aunque no se hayan acercado. Y creo en las leyes de la propagación del sonido porque me escucha aún cuando callo los gritos, y  hasta creo en la filosofía de Platón porque es la más cercana a mi teoría de la verdad. Cualquier día derribo teorías, leyes y conjeturas mientras la observo y me arrastra al lado oscuro de mis creencias.

Sábanas

Y ahora estaría días escribiéndole, porque cuando mezclo recuerdos y deseos, hasta las bandas sonoras se materializan. Y llevo la cuenta de las noches que casi le compliqué la vida, o cómo diría en verso: las noches que hasta los serenos dormirían, para que nosotros forzásemos puertas en las que habría sábanas que perfumar con sus jadeos

Sueño

Aprovechando que duerme la ciudad, usurpo éter de los sueños para construirla despacio y recordarla deprisa. Y mis manos, más rápidas que mi mente, ya han construido un relato que se sostiene entre cimientos cimbreantes al son de sus caderas. Que triste sueño el de quien no la sueña

Pedestal

Y ahí le pongo el pedestal. Dicen que molesta a las palomas, yo prefiero que vayan a escuchar jazz a otro sitio. Hoy no he sabido nuevas y he tenido que pintar las paredes del color de su película favorita. Encontré otro bar en el que besarnos, y está lleno de espejos. No se extrañe si el pedestal no está cuando usted vuelva, será que lo convertí en poema.

Estrella

Debe ser la hora de invitarla a recoger estrellas de mar, de invitarla a pasear por veredas que no la reconocen, de descorchar botellas de vino con etiquetas en idiomas que inventaremos. 

Debe ser la hora de escribirle en las esquinas de los libros, de marcar páginas en el árbol que nos dará sombra cuando tenga la mirada tan limpia de preocupaciones, que hasta el horizonte se avergonzará de atardecer. Debe ser la hora…


Pupitre

Hoy suspendería todos los exámenes de matemáticas en los que tuviese que despejar la incógnita de su nombre. Dejaría para mañana los problemas de rigor para centrarme en los comentarios de textos que le dejo escritos en su pupitre. Y forraría mi carpeta con las fotos que deja desperdigadas a su paso. Me quedaré esperando su respuesta, estaré como siempre en la última fila, para no molestar.  

Hoguera

Empecé un nuevo cuaderno porque colapsé las hojas del viejo. Le guardo los mensajes, los dibujos y las recetas que no le pude enviar. Si empezamos a leerlo antes del invierno podremos calentarnos con las hojas que arrojemos al fuego cuando las memoricemos. Hay pasajes imposibles de traducir si no es con verbos reflexivos, y hasta puede que tengamos que pedir permiso para semejante hoguera.

Vértices

Ahora que no la veo, señora, la imagino y la recuerdo vehementemente. No busque sus iniciales en las frases porque las escondo entre mareas para no levantar sospechas. He bajado todas las persianas por si aparecía, y hasta en los sueños veo sus vértices aforados que buscan el hedonismo. Yo sigo con mis rutinas esperando que me descoloque su presencia.