Corazón

Y le pinté un corazón en la mano, pero hubiera seguido hasta gastar la tinta de doce plumas. Desmerece, en cualquier caso, pintarle a una musa, cuando en sus ojos hay recursos y belleza para hacer enrojecer a la Capilla Sixtina. Posiblemente el próximo corazón se lo dibuje en con mis labios en zonas de su cuerpo que deseo descubrir.

Blues

A pesar de que me inspira textos, que no doy abasto a mandarle todo lo que me provoca, debo confesarle que estoy ideando la manera de desnudarla a ritmo de blues sin que la brigada de corcheas se entere y quieran venir a bailar. En mi diseño imaginado de su cuerpo solo hay sitio para dos personas y unos cuantos verbos reflexivos.

Boca

A fuerza de imaginarla, su boca, se transparenta y desaparece cuando voy a besarla. Y sus labios, que se abren como alas de mariposa, me invitan a pasear lentamente por sus aristas. Mi imaginación, que límites no conoce, me está dando mucha envidia. Pero ahora mismo la adoro.

Talle

Seguro que hay países en los que es delito bailar agarrado a su talle una canción de Sam Cooke como yo lo imagino. Y mirarle a los ojos directamente podría estar penado con la expulsión de seis universos. Pero correré el riesgo porque se que usted también lo va a soñar esta noche mientras se dibuja una sonrisa de satisfacción en su cara.

Eslovenia

He descubierto la discografía de un grupo esloveno que publican discos dedicados a usted, señora. Hablé, en colores, con el cantante, y dice no conocerla. Pero iniciaron una gira en una ciudad en la que usted no estuvo nunca y a la que yo no pensaba ir solo. 

He comprado todos sus discos y mañana los recibo por Amazon, no me diga que no es poético.

¿Tiene algún día libre para bailar en idioma extranjero?

Amartes

Algún día, si me lo permite, le complicaré la vida. Volveré a amasarle la semana para que empiece en besábado y termine en caramelunes. Tendremos al menos tres amartes y será domingo el resto de días porque programaremos vermús que se solapen.

Ahora ya no sé en qué día vivo, pero me adapto a su agenda, soy de calendario fácil.


Baldosas

Entre su casa y la mía, hay nueve librerías, seis relojerías, cinco baldosas rotas y cuatro pasos de cebra que nadie respeta. Asumo que regalarle libros es necesario, que sin la hora no sabría cuándo irla a buscar, y que es irrespetuosamente agradable bailar con usted en los pasos de cebra, pero tendremos que arreglar las baldosas porque delatan mi presencia si voy a besarla. Y se que le gustan las sorpresas casi tanto como mis besos.