Eslovenia

He descubierto la discografía de un grupo esloveno que publican discos dedicados a usted, señora. Hablé, en colores, con el cantante, y dice no conocerla. Pero iniciaron una gira en una ciudad en la que usted no estuvo nunca y a la que yo no pensaba ir solo. 

He comprado todos sus discos y mañana los recibo por Amazon, no me diga que no es poético.

¿Tiene algún día libre para bailar en idioma extranjero?

Amartes

Algún día, si me lo permite, le complicaré la vida. Volveré a amasarle la semana para que empiece en besábado y termine en caramelunes. Tendremos al menos tres amartes y será domingo el resto de días porque programaremos vermús que se solapen.

Ahora ya no sé en qué día vivo, pero me adapto a su agenda, soy de calendario fácil.


Baldosas

Entre su casa y la mía, hay nueve librerías, seis relojerías, cinco baldosas rotas y cuatro pasos de cebra que nadie respeta. Asumo que regalarle libros es necesario, que sin la hora no sabría cuándo irla a buscar, y que es irrespetuosamente agradable bailar con usted en los pasos de cebra, pero tendremos que arreglar las baldosas porque delatan mi presencia si voy a besarla. Y se que le gustan las sorpresas casi tanto como mis besos.

Café

Y he notado que las hojas caídas de los árboles le han compuesto una sinfonía, y hasta han creado una playlist con su nombre. 

Y como no acerté a ver como giraba la cucharilla en su café porque la miraba de soslayo, he comprado de las que giran en todas las direcciones.

Y como no se si me leerá, esconderé los otros textos por sí le apetece leerlos.

Y como no sé si estará sonriendo, la recordaré leyendo.

Espejo

No me da el día para tapar las goteras que me provoca. 

Vacío la nevera de las botellas que compro para su llegada

Tengo un espejo que no encuentro, porque solo sabe reflejarle a usted

Guardo un álbum de gritos a falta de cinco cromos para completarlo.

Haré una pintada en alguna calle por la que pase si me manda un mensaje

Gritar

El otro día le planté tres gritos en la puerta de su casa, son de temporada, y están acostumbrados a la soledad. No hace falta que los riegue, solo que los contemple al salir y entrar. Gritan en idiomas que aún no tiene adverbios, pero saben declinar porque saben reconocer el objeto directo y les encantan los verbos transitivos de primera conjugación.

Teorías

Creo fervientemente en las leyes magnéticas porque gracias a ellas sé que nuestros labios no son del mismo polo aunque no se hayan acercado. Y creo en las leyes de la propagación del sonido porque me escucha aún cuando callo los gritos, y  hasta creo en la filosofía de Platón porque es la más cercana a mi teoría de la verdad. Cualquier día derribo teorías, leyes y conjeturas mientras la observo y me arrastra al lado oscuro de mis creencias.

Sábanas

Y ahora estaría días escribiéndole, porque cuando mezclo recuerdos y deseos, hasta las bandas sonoras se materializan. Y llevo la cuenta de las noches que casi le compliqué la vida, o cómo diría en verso: las noches que hasta los serenos dormirían, para que nosotros forzásemos puertas en las que habría sábanas que perfumar con sus jadeos